Malas experiencias... ¡pero qué afortunada soy!

Ha acabado el año y las navidades. Hay tanto jaleo... El Olentzero, los reyes magos, compras por aquí y allá y gente por todos los lados. La verdad es que se me ha hecho un poco complicado andar estos días por Bilbao pero no me queda otra, porque hasta el mes que viene no volveremos a Hossegor. Ahora en enero cierran el camping durante un mes y hasta febrero no podemos ir. Menos mal que Jorge y Jon no dejan de llevarme a la playa o al monte para correr y resarcirme un poquito del estrés navideño.

 

Hace unos días salí con Jon a dar un paseíto a mediodía. Cuando salgo con él por Bilbao, le gusta llevarme por el Campo Volantín hasta el Guggenheim y el Palacio Euskalduna y volver a casa por el otro lado. Soy un poco miedica y aunque Jorge y Jon insisten en que me relacione más con otros perros, a mí hay algunos que me dan un poco de miedo. Generalmente suelen ser los más grandes que yo y casi siempre de color oscuro. Luego hay razas que no quiero ni ver y otras con las que congenio generalmente mejor. La mía es una de ellas. Generalmente no tengo ningún problema con otros bretones o bretonas y además como somos así de majos solemos jugar bastante.

 

Ese día que salimos, nos encontramos en el Campo Volantín a un hombre de unos 60 años con una bretona blanca y negra de un tamaño más pequeñita que yo. Como Jon es muy insistente con eso de que me relacione, enseguida me acercó donde ella. Jon se puso a hablar con su humano sobre cosas varias y aunque al principio lo que hablaron fueron cosas mundanas y del tiempo, más tarde noté que a Jon no le hizo mucha gracia algún comentario que hizo el humano, hasta el punto de despedirse de él y marcharnos sin más.

 

Luego Jon me explicó bien la conversación. Lo que no le gusta a Jon es la gente que cree saberlo todo sobre los animales y luego demuestra con hechos que no tiene ni idea de nada pero lo que más le molesta es que haya gente que se refiera a sus animales sin mostrar ningún tipo de cariño pensando que en cada cosa que hacen les están perdonando la vida. Este señor reunía todas esas "virtudes". La primera es una torpeza derivada de la ignorancia pero la segunda... la segunda es una actitud ante la vida que denota chulería, desprecio ante quien crees que es menos que tú... y realmente no le gusta nada. A mí tampoco.

 

Cuando nos vimos, la bretona en cuestión y servidora, empezamos a jugar y ellos a hablar. Le comentó a Jon que ella era una perra de año y medio y que había pensado en operarla (vaciarle el útero) pero que había decidido que no lo iba a hacer porque iba a engordar y él no quería una perra gorda. Jon se extrañó de la motivación que tenía para no operar a la perra.

 

- "Bueno, pero, ¿la quiere cruzar con algún perro?

- No no, es que me han hablado de la operación pero me han dicho que va a engordar si la opero" a lo que Jon le dijo: - Nosotros operamos a Bi después del primer celo, a los 16 meses y si controlas lo que come no tiene porqué engordar. No la pensábamos cruzar con otro perro y de esta manera evitamos riesgos y camadas innecesarias además de prevenirle de futuras posibles enfermedades"

 

La verdad es que ni se inmutó, le entró por uno y le salió por el otro. Yo no digo que haya que operar siempre pero tal y como está el patio, hoy en día la operación es un ejercicio de RESPONSABILIDAD y vamos, pienso que no es tan difícil de entender.

 

-"Bueno, mi hija es la que le da comida y galletas y mierdas..... " Puff, Jon no quería ni escuchar. Y es que la bretona en cuestión era juguetona, claro, tenía año y medio, pero es que... ya estaba gordita. Yo no sé si es que la gente no ve o no quiere ver... 

 

Como íbamos para el mismo lado seguimos andando juntos. La bretona era muy juguetona, yo ya soy más tranquilita, jeje... El caso es que volvieron a detenerse a hablar porque no parábamos quietas y siguió la conversación.

 

- "¿La tuya cambió de carácter al operarla? Yo es que con esta voy a cazar y aunque la cogí con 9 meses no se mueve mal en el monte pero si la opero y le cambia el carácter la quito... porque yo la cogí de prueba, ¿eh? si no llega a cazar bien no me la quedo...

 

Os imaginaréis que después de este comentario Jon cortó inmediatamente la conversación y se despidió para ir por otro lado. Desde luego, y por decirlo de una manera fina, ¡qué asco de tío! Lamentablemente es algo muy habitual encontrar a gente, generalmente muchos son cazadores, que consideren a su perro una herramienta más de trabajo. Como si fuera un cartucho o una escopeta. Bueno, algunos le tienen más cariño a su escopeta que al perro... Es el caso de este sujeto que nos encontramos. Tenía una perra de año y medio que ya tenía sobrepeso y él no lo veía. Quizá no lo veía porque su hija la atiborraba a galletas y no le parecía mal. Ah, eso sí, si no llega a pasar el periodo de prueba de caza la hubiera quitado. ¿Quitado? ¿Se la hubiera cargado? ¿La hubiera abandonado? ¿La hubiera...? ¡Quién sabe lo que hubiera hecho!

 

¿Cómo puede haber gente que no tenga en cuenta ni por un momento que somos seres vivos, que sentimos, que nos alegramos y nos entristecemos? ¿Cómo puede haber gente tan egoísta como para que lo único que le interese de nosotros sea el buen olfato que tenemos o lo bien que nos movamos por el monte y no todo el amor que tenemos para dar? No lo entiendo. De verdad que no.

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Comentarios: 2
  • #1

    Javi (miércoles, 11 diciembre 2013 14:11)

    Jo ¡vaya impresentable! Eres muy afortunada Bi, por desgracia no todo el mundo comprende que los animales sienten y padecen :( ¡Besotes desde Lyon!

  • #2

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